Bruce Lipton, pionero de la biología celular, ha demostrado que los pensamientos, creencias y emociones, positivos y negativos, pueden afectar a nuestro ADN. El doctor Lipton, en calidad de profesor y de investigador en una facultad de medicina, estudió durante varias décadas los mecanismos por los que las células reciben y procesan la información. Siendo profesor e investigador en la Universidad de Stanford, entre 1987 y 1992, demostró que las señales del entorno podían actuar a través de la membrana celular y controlar la conducta y la fisiología de la célula, lo que, a su vez, podía activar un gen o silenciarlo.
1. ¿TE HAS FUSIONADO CON LOS SENTIMIENTOS, LAS CONDUCTAS O LAS EXPERIENCIAS DE TU PADRE O DE TU MADRE?
Haz memoria. ¿Ha pasado luchas emocionales, físicas o psicológicas alguno de tus progenitores? ¿Te dolía verlo sufrir? ¿Querías librarlo de su dolor? ¿Lo intentaste? ¿Tomaste alguna vez partido por los sentimientos de uno de tus progenitores en contra del otro? ¿Temías manifestar tu amor a uno de los dos por miedo a hacer daño al otro? En tu vida actual, ¿tienes dificultades similares a las que tuvieron tus padres? ¿Reconoces en ti mismo el dolor de tus padres?
¿HAS CRITICADO, CULPADO O RECHAZADO A UN PROGENITOR, O HAS CORTADO CON ÉL? si queremos de verdad vivir hasta el máximo de nuestras posibilidades, libres de la sensación de estar rotos por dentro, tenemos que empezar por reparar nuestras relaciones con nuestros padres cuando están rotas. ¿rechazas, culpas o acusas a tu padre o a tu madre por algo que sientes que te ha hecho? ¿No respetas a uno de ellos, o a ambos? ¿Has roto con alguno de ellos?
Veintiuna dinámicas invisibles que pueden afectar a las relaciones personales
1. Tuviste una relación difícil con tu madre. Es posible que repitas con tu pareja lo que te quedó pendiente con tu madre.
2. Rechazas, acusas o culpas a tu padre o a tu madre. Es probable que perduren en ti las emociones, los rasgos y las conductas de uno de tus progenitores que tú rechazas. Puede que proyectes sobre tu pareja las quejas que tienes acerca de tu padre o de tu madre. También es posible que atraigas como pareja a una persona que ostente unas características semejantes a las que rechazaste en tu padre o madre. Cuando rechazas a uno de tus progenitores, puedes estar compensando después este rechazo teniendo dificultades en tus relaciones de pareja.
Quizá abandones a tus parejas, o quizá te abandonen a ti. O puede que tus relaciones te parezcan vacías; o bien, es posible que optes por quedarte solo. Parece ser que un vínculo estrecho con el progenitor de nuestro mismo sexo refuerza nuestra capacidad para comprometernos con un compañero sentimental.
3. Estás fusionado con los sentimientos de tu padre o de tu madre. Si uno de tus progenitores tiene sentimientos negativos hacia el otro, es posible que tú conserves esos sentimientos, dirigiéndolos hacia tu pareja. Los sentimientos de descontento hacia la pareja se pueden transmitir a las generaciones posteriores.
4. Has sufrido una interrupción temprana del vínculo con tu madre. Si has pasado por esta dinámica, es probable que padezcas un cierto grado de ansiedad cuando intentes vincularte con tu pareja en una relación sentimental. Es frecuente que la ansiedad vaya en aumento a medida que la relación se vuelve más estrecha. Como no eres consciente de que tu ansiedad arranca de una ruptura temprana del vínculo, puedes empezar a ver defectos en tu pareja o a crear otros conflictos que te permitan distanciarte de esa intimidad. También es posible que tú mismo te sientas falto de cariño, demasiado apegado, celoso o inseguro en tu relación. O, por lo contrario, puedes dar muestras de independencia sin exigir demasiado en tus relaciones de pareja. O, incluso, puede que rehúyas las relaciones por completo.
5. Te ocupaste de los sentimientos de tu padre o de tu madre. Lo ideal es que los padres den y los hijos reciban. Pero hay muchos niños que tienen un padre o madre triste, deprimido, inseguro o con ansiedad y que adoptan una dinámica de dar consuelo en vez de recibirlo. Dentro de esta dinámica, la satisfacción de las necesidades del niño puede adquirir una relevancia secundaria, y su acceso a sus sentimientos viscerales queda oscurecido por su hábito de dar cariño en vez de recibirlo. En su vida posterior, este niño o niña puede dar demasiado a su pareja, lo que produce tensión en sus relaciones. O bien, se da el efecto contrario. Puede sentirse abrumado o sobrecargado más tarde por las necesidades de su pareja y reaccionar con resentimiento o con un bloqueo emocional al ir evolucionando la relación.
6. Tus padres no eran felices juntos. Si tus padres tenían dificultades, o si no les iba bien juntos, es posible que tú no te estés consintiendo a ti mismo tener más de lo que tuvieron ellos. Un sentimiento inconsciente de lealtad hacia tus padres te puede impedir ser más feliz de lo que fueron ellos, aunque sepas que lo que ellos deseaban y desean verdaderamente es que seas feliz. En una familia en que está limitada la felicidad, los hijos pueden sentirse culpables o a disgusto cuando tienen sentimientos de satisfacción.
7. Tus padres no siguieron juntos. Si tus padres no siguieron juntos, también tú puedes abandonar tu relación de pareja inconscientemente. Esto sucede en muchos casos cuando tienes la edad que tenían ellos al separarse, o cuando tu relación ha durado el tiempo que duró la suya, o cuando tu hijo tiene la misma edad que tenías tú cuando se separaron tus padres. O bien, seguís con la relación, pero vivís separados emocionalmente.
8. Tu padre o tu abuelo tuvieron otra pareja a la que abandonaron. Si tu padre o tu abuelo abandonaron a una primera esposa, o a una pareja sentimental a la que habían hecho pensar que se casarían con ella, entonces tú, como hija, puedes estarlo purgando quedándote sola como aquella mujer. Quizá sientas que no eres «lo bastante buena», como aquella mujer que no fue lo bastante buena para tu padre o para tu abuelo.
9. Tu madre tuvo un gran amor que le partió el corazón. Tú, como hijo o hija, puedes sumarte inconscientemente al disgusto de tu madre. Quizá pierdas a tu primer amor, o es posible que lleves contigo los sentimientos de desengaño de tu madre, o que te consideres imperfecta o no lo bastante buena (como tampoco lo era ella). Puedes tener la sensación de que no estás nunca con la pareja que quieres. Como hijo varón, puedes intentar fervientemente sustituir a ese primer amor y convertirte en un sucedáneo de pareja de tu madre.
10. Tu padre tuvo un gran amor que le partió el corazón. Tú, como hijo o hija, puedes compartir inconscientemente el disgusto de tu padre. Puede que pierdas tú también a tu primer amor, o que lleves contigo los sentimientos de desengaño de tu padre, o que te consideres imperfecto o no lo bastante bueno (como tampoco lo fue él). O quizá tengas la sensación de que no encuentras nunca la pareja que quieres. Como hija, es posible que intentes fervientemente sustituir a ese primer amor y convertirte en un sucedáneo de pareja de tu padre.
11. Tu padre o tu madre, o un abuelo o abuela, se quedó solo. Si uno de tus padres o de tus abuelos se quedó solo después de que su cónyuge lo abandonara o se muriera, es posible que tú también te quedes solo. Si mantienes una relación de pareja, quizá generes conflictos o distanciamiento para poder sentirte solo tú también. Una lealtad silenciosa te hace buscar el modo de compartir esa soledad.
12. Tu padre o tu madre, o un abuelo o abuela, sufrieron en su matrimonio. Por ejemplo, si tu abuela se encontró atrapada en un matrimonio sin amor, o si tu abuelo se murió, o si era bebedor o jugador, o si abandonó a tu abuela dejándola que criara a sus hijos ella sola, entonces tú, como nieta, puedes asociar inconscientemente esas experiencias al hecho de estar casada. Entonces, quizá repitas la experiencia de tu abuela, o tal vez te resistas a comprometerte con un compañero por miedo a que te pase lo mismo a ti.
13. A tu padre o a tu madre lo despreciaba o lo maltrataba de palabra su cónyuge. Tú, como hijo, puedes revivir la experiencia de tu progenitor sufriendo el desprecio de tu pareja.
14. Tu padre o tu madre murió joven. Si uno de tus progenitores murió cuando tú eras niño, es posible que te distancies física o emocionalmente de tu pareja cuando tengas la misma edad que tenía tu padre o tu madre al morir, o cuando vuestra relación haya durado el mismo tiempo que duró la de tus padres, o cuando vuestro hijo tenga la misma edad que tenías tú cuando murió tu progenitor.
15. Tu padre o tu madre maltrataba a su cónyuge. Si tu padre trataba mal a tu madre o la maltrataba, puede suceder que tú, como hijo, trates mal a tu pareja a tu vez para que tu padre no cargue a solas con el papel de ser «el malo». Si eres la hija, es posible que tengas una pareja que te trate mal o de la que te sientes distanciada. Puede resultarte difícil tener más felicidad de la que tuvo tu madre.
16. Hiciste daño a una pareja anterior. Si hiciste daño a una pareja anterior, quizá intentes inconscientementecompensar ese daño saboteando tu relación de pareja actual. Hasta es posible que tu nueva pareja perciba inconscientemente que puedes tratarle de la misma manera y se distancie de ti un poco.
17. Has tenido demasiadas parejas. Si has tenido demasiadas parejas, quizá hayas deteriorado tu capacidad para establecer vínculos en una relación. Las separaciones se vuelven más fáciles, y las relaciones de pareja pierden profundidad.
18. Abortaste voluntariamente o entregaste a un hijo en adopción. Tus sentimientos de culpa, tus remordimientos o tu arrepentimiento tal vez no te permitan gozar de mucha felicidad en una relación de pareja.
19. Eras el confidente de tu madre. Siendo niño varón, intentaste satisfacer las necesidades no cubiertas de tu madre y proporcionarle lo que te parecía que no podía recibir de tu padre. Más adelante puedes tener dificultades a la hora de comprometerte con una mujer. Es posible que te cierres física o emocionalmente, temiendo que tu pareja quiera o necesite demasiado de ti, como hacía tu madre. El niño varón que fue confidente de su madre suele establecer relaciones con mujeres con facilidad cuando es adulto. Hasta puede convertirse en un mujeriego e ir dejando un rastro de corazones rotos. El remedio sería que estrechara el vínculo con su padre.
20. Eras la preferida de tu padre. La niña que está más próxima a su padre que a su madre se suele sentir insatisfecha con las parejas que elige en su vida adulta. La raíz del problema no se encuentra en la pareja, sino en el distanciamiento que siente la hija respecto de su madre. La relación de una mujer con su madre puede ser un presagio de lo satisfactoria o no que será su futura relación con su pareja.
21. Alguien de la familia no se casó. Te puedes estar identificando con tu padre o tu madre, o con un abuelo o abuela, tío o tía o hermano o hermana mayor tuyo que no se casó. Es posible que se burlasen de esa persona, que la ridiculizaran o que se considerara que tenía menos que otros miembros de la familia. Si te alineas con ella inconscientemente, también tú puedes quedarte sin casar.
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