La mortificación del pecado por John Owen
Ro. 8:13 "pues, si viven obedeciendo a la naturaleza pecaminosa, morirán; pero si mediante el poder del Espíritu hacen morir las acciones de la naturaleza pecaminosa, vivirán".
Todos aquellos que viven conforme a la carne no
son realmente creyentes. Los creyentes verdaderos ya no están bajo el dominio
del pecado, pues son hechos nuevas criaturas y ahora son guiados por el Espíritu de Dios.
La mortificación lleva a la santificación por medio del Espíritu, nos prepara para la gloria venidera. La mortificación del pecado es una lucha
constante y esto lo vemos en 1 Cor. 9:27, 1 Pe. 2:11. Se nos advierte de no satisfacer el “remanente”, es decir, los
deseos carnales. Los restos de pecado en nosotros son constantemente activos
mientras que vivamos, y están luchando continuamente para producir actos
pecaminosos (Ro. 7:19), nuestra naturaleza esta inclinada a hacer lo incorrecto, pues tenemos cuerpos corrompidos por el pecado.
Si el pecado no es frenado continuamente, entonces producirá
pecados dominantes. Si el pecado tiene éxito, hará que se torne menos sensible
nuestro corazón al mal.
Dios nos da su Espíritu y una nueva naturaleza para que
tengamos los medios necesarios para oponernos al pecado. La mortificación es un
ejercicio continuo. Debemos menguar nuestra carne para seguir creciendo en
santidad y en la gracia (2 Pe. 3:18).
Solo a través del Espíritu mortificamos la carne, por medio de la oración, ayuno, velar y meditar en la Palabra de Dios.
¿Cómo mortifica el Espíritu el pecado? 1. Hace que en nuestros
corazones sobreabunde con la gracia y produce los frutos que se oponen a la
naturaleza pecaminosa, no solo en la raíz sino también en sus ramas. 2. El Espíritu tiene un efecto dramático sobre la raíz y los hábitos del pecado debilitándolos, destruyéndolos y quitándolos. Se nos es quitado el corazón de piedra. 3. El
Espíritu trae la luz de Cristo a través de la fe y nos da comunión con Él a
través de su muerte.
Esto no quiere decir que la mortificación del pecado sea una obra exclusiva del Espíritu Santo, pues no mortifica el pecado sin la obediencia y
cooperación del creyente.
La lucha contra el pecado será hasta la glorificación. Podría aparentar un pecado escondido o que a veces haya ataque y luego solo permanezca
escondido. Necesitamos estar conscientes de la plaga de nuestro propio corazón.
Debemos esforzarnos en conocer los caminos, maquinaciones y los métodos de
guerra que emplea el enemigo, así estaremos más preparados para pelear contra
el pecado.
Debemos estar siempre alerta y usar los medios que Dios nos ha dado
para herir y destruir a nuestro enemigo. Todos los nacidos de nuevo tenemos por
obligación mortificar el pecado, también los no cristianos, pero ellos primero
deben entregar su vida a Cristo y después ocuparse en mortifica su pecado. En Mateo 12:33 se nos dice que podemos diferenciar entre un árbol bueno y uno malo por su fruto; así que para ver un cambio completo se debe enfrentar el problema desde la raíz, nuestro corazón es la raíz. En el libro de Ezequiel Dios nos promete un nuevo corazón y esto lo obtenemos al poner nuestra confianza en la obra de Cristo, así estarémos unidos a Cristo por la fe (He. 15:9 y 1 Pe. 1:22).
No podremos mortificar el pecado a menos que sincera y
diligentemente decidamos tratar con todo pecado. No debemos descuidar nuestra
comunión con Dios por estar luchando con nuestro pecado. Necesitamos un diagnóstico cuidadoso del deseo pecaminoso
que será mortificado. Un corazón que quiere la paz sin lucha, la realidad es que un creyente es trastornado en su mente por un deseo pecaminoso, la lucha es real, por eso debemos mortificar el pecado cada día.
1.Un deseo pecaminoso firmemente establecido: El deseo
pecaminoso hace lo que quiere y la consciencia apenas lo sabe, se tiene la conciencia
dormida. El deseo pecaminoso nunca muere por si mismo, si no es mortificado
diariamente se fortalecerá.
2. Creyente inquieto en su mente por un deseo pecaminoso. Ejemplo, Naamán no entregó todas las áreas de su vida a Dios.
3. Un deseo que tiene éxito frecuentemente. Debemos elegir
no pecar, no por sus consecuencias, sino por temor (respeto) a Dios.
4. El uso de motivos legales para pelear contra el deseo
pecaminoso ¿por qué pecarías contra Dios?
5. Cuando Dios usa un deseo pecaminoso para disciplinar. Una creyente no debería ser tomado por sorpresa porque su deber es velar y
orar continuamente.
6. Cuando un deseo pecaminoso ha resistido los tratos
especiales de Dios. Ejemplo, Isaías, la gente estaba enamorada del pecado, no hizo caso
a Dios, así que Dios escondió su rostro.
Esfuérzate para llenar tu mente con una clara y constante
consciencia de la culpa, peligro y maldad del deseo pecaminoso que lo está
afectando. Si nosotros queremos mortificar el pecado debemos percatarnos de que
el pecado tratará de minimizar la consciencia de nuestra culpa.
El pecado de un creyente es más grabe que el de incrédulo ya que estas pecando contra el amor y misericordia de Dios.
Tenemos que evitar ser endurecidos con el engaño del pecado, (apostasía).
Cualquier deseo pecaminoso tiende a producir endurecimiento. Dios castiga a
quienes no guardan sus estatutos. Corremos un peligro de perder su paz y la fortaleza a
causa del pecado. El pecado no mortificado contrista al Espíritu y hace inútil al creyente.
Debemos orar por la obra de convicción del Espíritu Santo a fin de
que Él use la ley de Dios para convencer de culpa, también recordar el evangelio y la misericordia de Dios, desarrollar un anhelo continuo por la
liberación del poder de sus deseos pecaminosos, orar sinceramente y clamar a Dios por ayuda. Vela
y guarda tu alma. Pelea contra los deseos pecaminosos tan pronto comiencen. Mantente
humilde. Un espíritu verdaderamente humillado te ayudará mucho en tus esfuerzos
para mortificar el pecado. El Espíritu Santo nos capacita.
John Owen (1616 - 1683) fue un líder de una iglesia congregacional inglesa, teólogo y administrador académico de la Universidad de Oxford. Está relacionado con el movimiento puritano.

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