domingo, 14 de marzo de 2021

La paz del perdón, por Charles Stanley

 Las personas que se niegan a perdonar, se niegan a cancelar la deuda, los tienen como rehenes con tal de conseguir algo a cambio, el perdón. Cuando no perdonamos estamos de cierta forma encadenados con esa persona.

Nos libramos de esa esclavitud cuando realmente entendemos el perdón de Dios y lo hacemos parte de nuestra vida. Solo entonces podremos vivir una vida plena. El perdón es la acción de liberar a alguien de una obligación para contigo.

La falta de perdón impide avanzar en muchas disciplinas de la vida cristiana.

Andabas bajo la carne y no según el Espíritu.


Cuando no hay perdón, crean resentimiento y otros sentimientos negativos que se reflejan en sus otras relaciones.

Un espíritu que no perdona tiene sentimientos de rechazo en sus raíces.

Cuando el rechazo se desarrolla en un espíritu que no perdona, y eventualmente termina causando tremendos daños. La persona experimenta un sentimiento profundo de vacío, como que le falta algo interior.

Existe otro tipo de personas que solo esperan a que la otra persona les ofrezca una disculpa, pero está última persona podría ni si quiera saber que la ha herido.

La persona que no perdona, siempre pierde.

Las actitudes cambian cuando conocemos todos los hechos, cuando vemos el cuadro completo.

Todo el sistema de sacrificios es en realidad un cuadro de la gracia de Dios, porque él proveyó una forma para que su pueblo se acercara a él. Dios no tenía la obligación de proveer tal sistema. Sin embargo, su deseo de comunión con su pueblo era tan fuerte que proveyó la manera de hacer posible esa comunión. El término aceptado denota comunión con Dios. Lv. 1:1-4 Expiación,  Los pecados de los que vivían bajo el sistema levítico estaban cubiertos por el tiempo, pero no perdonados en el sentido absoluto de la palabra. ¿Por qué no? Porque la sangre de animales no es pago suficiente para la deuda incurrida por los pecadores.

Hb. 10:3-4

Romanos 5:12

Dios estuvo dispuesto a suspender su propio sistema de justicia mientras hacía la provisión para que la humanidad pecadora fuera rescatada. 

Note que no dije que Dios "pasó por alto" su sistema de justicia. El no podía hacer eso, porque el sistema por el cual él se rige es una expresión de su misma naturaleza. Lo que él hizo, como lo hemos visto, fue proveer un sistema temporal compatible con sus normas de justicia.


Dios es un Dios de amor y perdón. El perdona porque desea perdonar, no porque esté obligado a hacerlo. Su perdón no se nos otorga sobre bases individuales, dependiendo del pecado cometido. Por el contrario, en el Antiguo Testamento Dios estableció un sistema por el cual cualquier hombre o mujer podía llegarse a él a pesar del pecado cometido. 

Estos mismos principios para recibir el perdón se aplican en el Nuevo Testamento.


Un gran impedimento para experimentar el perdón de Dios es la indisposición de aceptar el marco de referencia de Dios en cuanto al pecado y la incapacidad del individuo de hacer algo al respecto. Lo que algunas personas hacen es crear su propio sistema para alcanzar el perdón y quieren imponérselo a Dios. Y cuando llega el momento en que sus emociones están a tono con su manera de pensar, es casi imposible que puedan aceptar ninguna otra forma. Generalmente, sus sistemas sustitutos desestiman las consecuencias del pecado y sobreestiman su propia habilidad para remediar la situación.

Si usted insiste en buscar el perdón de otra forma que no sea la de Dios, el resultado también será desastroso. Pero si, desde la perspectiva de Dios, mira su pecado y la provisión de Dios para bregar con él, experimentará la libertad que viene al saber que ha sido realmente perdonado.


Nuestro pecado y la deuda resultante nos dejó en una posición en la cual necesitábamos tanto el perdón como la paga. Hb. 9:22 

Cristo es la solución de Dios para tratar con el pecado. Sólo a través de Cristo podemos encontrar perdón.

Hasta que no pueda verse como un hijo de Dios perdonado, no podrá gozar de la comunión que la muerte de Cristo hizo posible.


Entendía todo lo concerniente a la teología del perdón, pero lo que sabía intelectualmente no se había hecho realidad en mi corazón, emociones y conducta.


Siempre hay más gracia que pecado. No importa lo que se ha hecho o cuántas veces se ha hecho, ya está cubierto por la gracia de Dios. Dios está dispuesto a considerarlo pagado porque Cristo murió como expiación del pecado. Fabricar nuestro propio sistema basado en los méritos es decir que la gracia de Dios no es suficiente para nuestro pecado y que él necesita nuestra ayuda para tratar con nuestro pecado.

La diferencia entre creencia y confianza es la diferencia entre reconocer que un puente es capaz de sostener el peso de una persona y el hecho de caminar sobre el puente. Lo primero es simplemente el reconocimiento de algo, sin que el que expresa la fe se involucre; lo segundo es la verdadera confianza. La fe bíblica, el tipo de fe que actúa.

Para que la fe logre su propósito, tiene que enfocarse en la dirección correcta.

Sus pecados pasados deben convertirse en recuerdos de la gracia de Dios en su vida.

Dios perdona porque corresponde a su naturaleza perdonar. Nada que podamos hacer por nosotros mismos dispone a Dios a perdonamos. Es su carácter lo que lo inspira, no el nuestro.

¿por qué enseña la Biblia que tenemos que confesar nuestros pecados si ya estamos perdonados? 

La palabra griega que usamos para confesión quiere decir "estar de acuerdo con·. Cuando confesamos nuestros pecados a nuestro Padre celestial, estamos de acuerdo con él. Estamos de acuerdo con su actitud acerca del pecado; o sea, el pecado es en contra de él, es destructivo a su propósito para nuestra vida, y conlleva las dolorosas consecuencias.

La confesión infiere también que estamos asumiendo la responsabilidad por nuestras acciones.

La base para nuestro perdón no es la confesión, el arrepentimiento o la fe, aunque las tres son esenciales para nuestra experiencia de perdón. La base para nuestro perdón es la muerte sacrificial sustitucionaría de Jesucristo en la cruz.

Él no tenía que venir a mí para recibir perdón; él ya estaba perdonado. Su confesión era necesaria para aclarar su conciencia y para ser restaurado a su comunión previa conmigo.

Dios, aunque perdona, está comprometido a conformarnos a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29). Las consecuencias dolorosas de nuestros pecados son expresiones del amor de Dios, no de su ira.

El no entender el propósito y el lugar de la confesión pueden dar como resultado el temor y la incertidumbre en cuanto a nuestra salvación; perdemos el gozo, y quedamos con dudas que nos privan de la paz que el Señor quiere para sus hijos. 

Si no entendemos con claridad la naturaleza y el poder de nuestra confesión, nuestro servicio para Dios se verá perjudicado. Hb. 4:16 acerquémonos confiadamente al trono de la gracia.


Los creyentes necesitan mirar atrás sólo para agradecerle a Dios por su gracia. Deben mirar al presente por lo que Dios está haciendo, y al futuro por lo que Dios continuará haciendo.

Hablar sobre la gracia no es suficiente; tenemos que vivir por gracia.


Perdonar es liberar, pero a veces es doloroso. Es liberar porque nos deshacemos de la pesada carga de la culpabilidad, la amargura y la ira que hemos albergado.


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